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Como un jardinero, Dios en su infinito amor quita de nuestra vida todo aquello que no nos sirve para crecer y dar buen fruto, dejando así lo realmente valioso.

La primera carrera que estudie fue relacionada con la agricultura, una de las cosas que aprendí allí fue sobre la poda y cuál es su importancia. Una de las cosas interesantes de la poda es que esta se realiza en invierno, cuando las ramas tienen pocas hojas y se hace con la finalidad otorgarle beneficios al árbol como mejorar su apariencia, mejorar su estructura, estimular su floración y su fructificación.

En el Libro de Mormón dice lo siguiente:

“Y el Señor de la viña hizo que se cavara alrededor, y se podara y se nutriera, y dijo a su siervo: Me aflige que tenga que perder este árbol; por tanto, para que tal vez pueda yo preservar sus raíces a fin de que no perezcan y pueda yo preservarlas para mí, he hecho esto.”

Jacob 5:11

Así mismo, Dios hace con nosotros, Él en su infinito amor nos poda, nos corta todo aquello que no nos sirve. Todos estamos sujetos a ser podados por el Señor y lo hace mientras nosotros atravesamos nuestros propios inviernos que pueden parecer que los atravesamos solos, que de alguna manera Dios nos ha abandonado a nuestra propia suerte, pero Él está cortando todo aquello que no nos sirve en nuestra vida y aunque a veces nos resistimos a ser podados creyendo que lo que perdimos es lo realmente valioso; si te despidieron de tu trabajo, si estas sufriendo alguna enfermedad, si tu matrimonio está pasando por dificultades, si un hijo se ha descarriado, si tu liderazgo eclesiástico se ha tornado difícil, si tu emprendimiento quebró. No te preocupes, Dios está cortando todo lo que no sirve en tu vida y va a dejar todo lo que es realmente importante.

Así que bendice todo lo que ha quedado y no te lamentes, porque es exactamente lo que Dios quiere para ti, eso es lo que realmente necesitas, te has quedado con lo que es realmente valioso. Pero a veces los seres humanos no empeñamos en recuperar lo que Dios ya quitó.

En Hebreo 10:35-36 dice: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene gran recompensa, porque la paciencia os es necesaria, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.”

Así que si en este momento está pasando por situaciones difíciles y te hace sentir que pierdes tus fuerzas, detente un momento y contéstate esta pregunta ¿Por qué resistes los cambios que Dios está haciendo en tu vida? ¿Por qué quieres recuperar lo que Dios te quitó?

Ten paciencia y la confianza que lo que Dios esta podando en tu vida es todo lo que no te sirve y lo hace porque te ama con un amor infinito, y como un padre amoroso que es, teme perderte, pues desea preservarte para vida eterna.

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Author: Patricio Figueroa

Seguidor de Jesucristo y apasionado por su obra ~ Blogger en soypatriciofigueroa.com ~ Director y Conductor en santosconectados.com ~ Administrador de empresas ~ Emprendedor ~ 35 años ~ Casado ~ Padre de 3 Hijos ~ Pescador Deportivo.

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