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La historia del ciego de nacimiento es uno de mis capítulos favoritos de la Biblia, lo he estudiado una y otra vez,  y aún sigo aprendiendo de él. Te invito que reflexionemos juntos.

Jesucristo comienza dejando en claro que la religión no salva a nadie, realizando nuevamente una sanación en día de reposo, desafiando deliberadamente la vanidad del rito religioso que ponía  a la ley por sobre las personas. El pueblo de Israel ya se hallaba en un estado de apostasía por lo que segó la mente de los incrédulos, así que aquellos necesitaban que la iluminación del evangelio de Jesucristo los alumbrara, abriera sus ojos y los volviera de las tinieblas a la luz.

Pero ante la pregunta de cerrada de sus discípulos: “Rabí, ¿Quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?” La que solo requería un sí o un no, el Señor los sorprende con una respuesta que los dirige hacia el mismo  diciendo: “Luz soy del mundo”.

Este es el único milagro en el cual Jesucristo utiliza un elemento para poder sanar, donde :”escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego” (Jn 9:6) La tierra representa la parte mundana que está en nosotros, donde el Señor en un acto de desaprobación la escupe. Por otra parte el lodo aquí representa la humanidad, la capacidad de sentir afecto, comprensión y solidaridad hacia las demás personas. La saliva del Señor que sale de su boca representa Su palabra viva y poderosa. Al mezclar ambas provoca que el espíritu de Dios actúe en nosotros, nos abra los ojos espirituales y trascendamos  una nueva realidad espiritual en Cristo Jesús,  dejando atrás la ceguera provocada por Satanás.

Cuando el Señor le dice al ciego: “Ve, lávate en el estanque de Siloé” lo invita a recorrer su propio camino para alcanzar la iluminación y pueda realizar un lavamiento a su vieja humanidad como se experimenta en el bautismo. Si el ciego no hubiese obedecido la voz del Señor y lavado sus ojos habría quedado aún más ciego producto del lodo en sus ojos. La obediencia al Señor es primordial para que su unción en nosotros tenga el efecto de poder iluminar nuestra vidas con su evangelio.

“Se había otorgado la vista dos veces, una vez para remediar un defecto congénito [un defecto físico de nacimiento] y otra para contemplar al Rey de Reyes antes de que ascendiera a Su trono eterno. Jesús había estimulado la vista, tanto física como espiritual.”

Presidente Howard W. Hunter.

¿Somos todos ciegos de nacimiento? Ciertamente sí, todos somos ciegos de nacimiento y podemos permanecer así aún estando en el Evangelio de Jesucristo. Los Fariseos tienen que haber visto al ciego deambulando por los alrededores del templo muchas veces antes que fuese sanado, pero aún así no pudieron reconocer el milagro sino que se enfocaron que esto se había realizado en día de reposo. ¿Por qué no pudieron ver el milagro? Por su soberbia y orgullo. Este es un pecado muy fácil de cometer si no estamos atentos a él. Podemos comer los más tiernos pastos del Evangelio de Jesucristo pero no ser nutridos, podemos ver algunas evidencias del poder de Dios en nuestra vida, su amor y no ver la luz de Cristo por estar cegados por nuestra soberbia.

Es por eso que el ciego no lleva nombre en esta historia, para que cado uno pueda colocar el suyo e identificarse con él. El ciego nos representa cuando no logramos ver que Jesús es la luz del mundo, cuando miramos hacia las cosas terrenales, cuando tememos más a los hombres que a Dios, cuando nos tambaleamos ante la adversidad. Ser un discípulo de Jesucristo no solo significa tomar sobre sí el nombre de Cristo, sino que también caminar en su luz.

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Author: Patricio Figueroa

Seguidor de Jesucristo y apasionado por su obra ~ Blogger en soypatriciofigueroa.com ~ Director y Conductor en santosconectados.com ~ Administrador de empresas ~ Emprendedor ~ 35 años ~ Casado ~ Padre de 3 Hijos ~ Pescador Deportivo.

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